20 de Febrero de 2020 – Frío

11:09. Frío, solo y sin vida. Eso es lo que me he encontrado al realizar el ejercicio que me recomendó repetir la terapeuta a la que visité la semana pasada.

Hoy no me he querido levantar de la cama, me he tenido que obligar a ello sobre las 10 de la mañana. Llevo varios días en los que no estoy bien. La realidad de que no sé vivir solo se me ha hecho más presente que nunca.

Anabel no está pasando por un buen momento respecto a una situación familiar. Me gustaría poder acompañarla pero ella no lo permite. Me refiero a estar, simplemente estar, poder darle un abrazo y algo de calor humano. Acepto que no soy la persona de su elección para eso aunque no lo entiendo.

Ayer fue el día en el que pude comprender la razón por la que no lo entiendo y porqué me resulta “tan fácil” aceptarlo; lo recibo, me digo: “ok, así, pues así. Sin problemas”, pero no lo entiendo. Puede que no sea sano, no lo sé, pero es la única manera que yo conozco de hacerlo. Cualquier relación que he tenido ha contado con el 100% de mi, con mi presencia y esperando la presencia del otro. Lo sé, eso del 100% suena mal pero lo de la presencia no.

Con ella rebajé mucho ese porcentaje y fue bien para ambos. Pero la presencia…; no puedo, la necesito para poder decir que tengo algo. No tengo problemas con que ella sea así pero soy consciente de que no voy a tener, no voy a sentir, más de lo que tengo ahora.

En ese punto fue cuando vi porque me faltan tanto mis hijas. Las amo con locura. Por ellas sí tengo esos sentimientos y su presencia me ha sido “robada”. No hablo de estar “encima” de ellas, simplemente de, por ejemplo, tras un día fuera, poder ver que duermen en sus camas; llegar y encontrarme con “su desorden” después de jugar… Eso no lo tengo la mitad del tiempo. Mientras lo pensaba ayer el nudo en la garganta me ahogaba.

Anoche, sólo en casa, hacía frío o al menos yo tenía esa sensación. Eché en falta un cuerpo a mi lado. No me refiero a Ágara, ni Anabel, ni siquiera a las niñas; ellas me faltan siempre pero no es el caso. Un cuerpo, calor humano. Solo, en definitiva estoy solo. Hoy me continúa acompañando esa sensación.

Me cuesta entenderlo. Ya he resuelto mi situación laboral y, después de todo, puedo decir que he caído de pie como los gastos. No voy a decir que beneficiado ya que mi organización con las niñas va a variar al igual que la forma de vida que llevaba pero desde luego no es un cambio desagradable. Puede incluso que fuese el cambio que hubiese buscado en unos años. Estoy intentando transmitirles que estoy tranquilo en muchos aspectos de mi vida, la mayoría, y me sorprende verme así. Por eso no soy capaz de entenderlo.

Voy a refugiarme en la actividad antes de ir a buscar a mis hijas, las tendré conmigo esta tarde y la de mañana.

A Alba se le ha caído su primer diente. Ha sido estando con su madre. Me he alegrado mucho por ella, lo llevaba esperando hace tiempo y tenía mucha ilusión por “comenzar a ser mayor”. No negaré que habría preferido que ocurriese estando conmigo. ¿Egoísmo? Probablemente, son mis hijas y después de lo escrito no me sorprende estar sitiendo y escribiendo esto.

Las quiero mis amores, nos vemos en un rato.

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