21 de Diciembre de 2019

23:26. Ya hace unos días que no pasaba por aquí. Pensaba que no tenía nada que compartir hasta hoy. No creo que tenga hechos relevantes sobre mi camino pero sí al respecto de como me siento.

Este periodo en el que mi padre debería haberse recuperado y estar de alta no ha sido como lo esperábamos. Una complicación, derivada de la operación, llevó a mi padre a una nueva intervención de urgencias. Continúa con su recuperación que, ahora sí, parece ir por buen camino. Todo esto no me ha permitido mantener las publicaciones que me habrías gustado realizar esta semana.

A su vez, la segunda intervención de mi padre no me dejó pasar la tarde del viernes con mis hijas. Pude compartir un ratito con Aroha y despedirme de Alba al dejar a la primera en casa de sus abuelos maternas. De ahí salí disparado al hospital.

A esto llegaremos en un momento, comencemos por el miércoles 18. Representación de Aroha y sus compañeros en el teatro del municipio. Me había despedido de las niñas en el cole, bueno en realidad sólo de Alba. Aroha se quedaba con su madre al no tener clases esa mañana.

Yo bajé al hospital y subí para asistir a la representación. No lo negaré, no quería ningún encuentro. No me apetecía ver a nadie de la que antes fuese mi familia. No fue adrede pero tampoco pero tampoco me di prisa por llegar a la hora. Esperaba encontrar a todo el mundo sentado, no fue así.

Nada más llegar me topé con mis hijas y como no con su madre, en ese momento también llegaron sus padres. Los saludé como siempre pero, aunque me preguntaron por mi padre, no les quise explicar nada.

— Bien, está bien.—fue lo poco que compartí con ellos.

También estaba Amelia. Ella se acercó un rato después pero tampoco compartimos mucho. Con gran diferencia es con la que mejor relación tengo, esto asumiendo que ya no tenemos casi ninguna.

Llevaba la cámara fotográfica, me apetecía tomar mis imágenes además de permitirme aislarme un poco. Me coloqué al final de la sala pero al poco de iniciarse la representación me cambié al primer anfiteatro. No estaba habilitado para el público pero los conocedores del lugar sabemos como acceder y se nos permite al vernos con el equipo fotográfico. Sabía que allí estaría mucho más tranquilo. Solamente estaba el técnico de luz y sonido, en su cabina, y yo.

Alba no tardó en localizarme con la vista, sabía done mirar en cuanto no me encontró en la parte trasera. Debió insistir mucho a su madre ya que la subió y allí permaneció unos minutos conmigo.

En definitiva…. la actuación maravillosa pero ¿cómo me sentía yo? La única razón que tenía para ir era que Aroha contaba con verme. Con eso pude cumplir pero la realidad es que no quería estar allí y por otro lado tampoco me quería autoexcluir.

No me duele ver a Ágara pero prefiero no tenerla cerca, mucho menos en situaciones en las que «compartimos» a las niñas.

El encuentro de la noche fue con la tutora de mi hija del pasado curso. Compartimos un rato y aprovechó para preguntarme como estaba.

—Bien, en el camino. —fue mi repuesta a la que ella respondió con una mirada que interpreté como compasión.

No me gustó. No sé si es la imagen que transmito pero no me gustó. Tal vez mi actos, como el de «esconderme» tras la cámara en el anfiteatro, es lo que transmiten. Puede que esa fuese la imagen esa tarde.

Finalizada la representación me despedí de las niñas lo más rápido que pude y me retiré del lugar.

Creo que en todo este periplo me acompañaban las palabras de mi terapeuta: «Todavía no eres capaz de ser feliz solo». Además tenía una lucha interna con lo que había leído de Garriga ese día. En su libro animaba a hacerse las siguientes preguntas sobre lo que nuestra mente piensa al respecto de los echos que se producen a nuestro alrededor y nos afecta:

«¿Es verdad esto que pienso?¿Es realmente verdad esto que pienso?¿Cómo reacciono al tener este pensamiento? [Y la que más «poder» tiene] ¿Quién sería yo sin este pensamiento?«

¿Por qué lucha interna?. Intentaba analizar las razones para sentirme de esa forma y en algunos casos aplicaba esas preguntas.

Al llegar a casa coincidí con mi vecino y hablamos un buen rato. Él considera que me veo muy, muy bien. Como si llevase un proceso de muchos más meses. Para él he avanzado mucho en este corto periodo de tiempo.

En nuestra conversación estuvo Anabel. Le pude decir lo que ya he escrito aquí:

— Sin ponerle un nombre concreto tengo que reconocer que tengo una relación con esta mujer y para nada esperaba estar aquí en este momento.

El jueves fue día de trabajo y «hospitalear». El viernes también «disfruté» de un turno de mañana, en el trabajo, para posteriormente asistir a la fiesta de despedida de Aroha y, ya por la tarde, la representación de Alba.

Ese fue el día en el que la segunda operación de mi padre no me permitió asistir a esa representación ni pasar la tarde con las niñas. De todas formas es necesario matizar esto. Prefería no ir a esa fiesta de Alba, no quería encontrarme con su madre, pero no podía dejar de asistir como me ocurrió con la de su hermana.

Estaba con la ropa del trabajo, no me había dado tiempo de pasar por casa para cambiarme. La idea era comer con las niñas en casa, preparar un brownie para  llevarlo a la fiesta/representación del Alba, disfrutando de las niñas en ese rato y cambiarme también de ropa. Al final nada salió así y con esa misma ropa bajé al hospital, después de dejar a las niñas, ante el aviso de la complicación de mi padre.

Una vez pude salir del hospital podría haber pasado por el cole, lugar de la fiesta/representación, pero estaba muy cansado, me sentía sucio, no quería estar con Ágara,… Podría poner otras mil razones, la realidad es que no fui. Descansé un rato en casa antes de volver a bajar para acompañar a mi padre durante la noche y que el resto de mi familia también pudiese descansar.

Hoy ha sido un día de intentar descansar y no poder. La noche fue larga y no creo que pudiese sumar mucho más de una hora de sueño ni contando todas las cabezadas que pude dar.

Ahora llega la otra parte de mi estado. Entiendo y no entiendo a Anabel. Ha caído enferma lo que ha impedido que podamos vernos. Tenemos pendientes varias conversaciones  al respecto de su estado anímico, tendrán que esperar. Lo que pensaba es que sus miedos están pudiendo con ella y se aleja. Por otro lado me doy cuenta de que realmente no sé vivir solo y me habría gustado mucho compartir con ella. Me obligo a «acompañar» a Anabel en su forma de hacer las cosas y poner el freno.

No quiero que se me entienda mal. Estoy decepcionado conmigo. No me encuentro donde pensaba que estaba y es como un golpe que me sitúa muchos pasos atrás.

En este sentido prefiero ralentizar, obligándome a no esperar o desear mucho de Anabel. No quiero repetir patrones del pasado. Si el sumo la actitud de cierto desapego que ella practica me lleva a plantearme el pasar a «modo folla-amiga». Lo leo y me parece un pelín fuerte después de lo expresado días/semanas atrás. Puede que el cansancio no me permita ver con claridad.

Por momentos pienso que mi hermana tiene razón en que busque a alguien para «llenar» los tiempos muertos. Esto choca con lo de ser feliz solo y por otro lado me parece una distracción. Tal vez necesite estar distraído pero si me distraigo creo que no avanzaré.

Estoy cansado y no quiero mantener esto más tiempo en mi cabeza. Mañana madrugo para ir al hospital, me voy a la cama.

Las quiero mucho mis amores. Nos vemos el lunes. Muchos besos mis viditas.

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