31 de Octubre de 2019 – Tristeza y Miedo

14:1. Llevo dos días de contrastes y posiblemente hoy es cuando me encuentro con el producto de los mismos. También es el día post terapia con lo que es habitual que se produzca algo de revoltura mientras todo se asimila.

El día 29 de me despedí de mis hijas al dejarlas en el cole. Sabíamos que no sería por mucho tiempo ya que al día siguiente comerían conmigo e iríamos a escalar. Creo que gracias a esto se me hizo más llevadero. También es cierto que para ese día ya tenía planes y, lo que no es tan bueno, ciertas expectativas.

Nada más salir del cole pasé a recoger a Anabel en su casa, fuimos  a realizar una práctica de yoga. Me la «debía» después del día de deporte que habíamos compartido el 15 de este mes. Una vez finalizada la práctica desayunamos juntos y hablamos durante un buen rato. Habitualmente comenzamos a hablar de cualquier tema «superficial» y ya me ocupo yo de llevarla al nosotros. No me refiero a nosotros como pareja, ya que no somos nada de eso, me refiero a nuestro sentir.

Le pude explicar lo que ya le había intentado dar a entender mediante Whatssap:

En este momento de mi vida yo solo quiero vivir y sentir. Soy consciente de que esto supone el riesgo de que me hagan daño o de que lo haga yo. Esto me da mucho miedo pero lo aparto y acepto el riesgo. Si lo que quiero es eso lo otro va unido.

Ella tiene, según mi percepción, más miedo que yo y creo que el riesgo que  estoy dispuesto a asumir ella no quiero ni contemplarlo. Le dije que esa era mi impresión pero que la respetaba, ese es su ritmo. Ella me repitió que, de momento, nos estábamos conociendo.

Es cierto, es así y no hay nada más. Ahora lo sé, yo soy el que quiere más, más complicidad, más tonteo, menos prudencia,…. No digo que busque una relación, para eso es muy pronto. «Tan solo» me gustaría un poco más de «retroalimentación».

Mientras hablábamos le recordé nuestras agendas para los próximos días. La posibilidad estaba ahí y la invité a pasar la noche juntos, en mi casa o en la suya. La pilló por sorpresa y me respondió que me diría algo durante la tarde. Era una pregunta al 50% y esa respuesta ya me indicaba para donde se iba a decantar. Sin embargo, lo tengo que reconocer, en cierta forma me ilusionaba que su respuesta pudiese ser un sí.

Tenía muchos planes para esa tarde pero los acontecimientos me llevaron por otro lado muy diferente. Acompañé a mi padre a una cita médica y ya sólo me quedó tiempo para organizar un poco la casa. Mientras me dedicaba a esto me llegó la respuesta de Anabel.

—Oye no te molestes, todavía me da un poco de apuro quedarme. No quiero precipitarme pero me da apuro por ti…

Le respondí que no pasaba nada, que podía ser un sí o un no y fue esta última. También le dije que no esperaba nada y en ese sentido no había problema.

Ella me repitió que le daba reparo por mi. A ella le estaba «pasando factura» el estar cambiando todos sus hábitos por la falta de costumbre y sobre todo por sus dudas, a las que sumaba el tiempo que llevaba «tranquila» y a su ritmo.

Le contesté que la entendía, sólo llevamos poco más de un mes desde el día en que nos conocimos. Que era conocedor de sus miedos y de que ella necesitaba tener un mínimo de certeza. Mientras esto no se diera ella no se iba a permitir actuar de otra manera ni de expresar como tal vez pudiera hacerlo.

Soy consciente de que no sé a donde vamos a si llegaremos a alguna parte pero creo que sería genial tener más. Le di a entender que de verdad no ocurría nada, que estaba perfectamente bien [en ese momento lo sentía así aunque esto se matizará más adelante]. Por último le dije que se trataba de vivir y si para ella eso era lo cómodo, pues genial. Ella se tenía que preocupar por si misma y yo por mi. En este sentido le recordé lo que ya hemos hablado, la libertad absoluta con la que contamos para ser sincero con el otro y dejarlo en el momento que cualquier quiera. 

Me explicó un poquito más y me dio las gracias ya que se quedaba más «tranquila» al haberle expresado que sabía donde estábamos y que era consciente de lo que podía o no ocurrir. Nos despedimos hasta un rato después ya que ella se encontraba en ese momento en un descanso de su trabajo.

A medida que fue pasando el tiempo se adueñó de mi un pensamiento:

«Buff, esta mujer tiene demasiados miedos y yo no estoy aquí para salvar a nadie«

A partir de este punto me decidí a «enfriar» un poco ese asunto ya que, probablemente, no me convenía entrar ahí y verme repitiendo patrones del pasado.

Pude hablar con las niñas rato después. Aroha estaba muy cansada por lo que casi todo lo hablé con Alba. Ágara me confirmó al día siguiente que Aroha se había ido a la cama bastante pronto y que durante la madrugada había estado molesta de su oído. Conmigo en casa también había tenido esas molestias. De echo esa misma mañana estuvimos a punto de no ir al cole pero tras un poco de calor fue ella misma quien decidió ir al cole.

Llegó el día 30, día complicado, cumpleaños de mi ex-cuñada. Considero a Amelia una persona importante en mi vida, desde primera hora dudaba si enviarle algún mensaje. Sabía que lo haría pero ¿Qué decirle?. Finalmente, antes de salir a correr le envié un escueto mensaje de audio:

—Hola, buenos días. Nada, muchas felicidades, que disfrutes de tu día y…. ,poco más, espero que esté bien y,…. nada, venga. Hasta luego.

No fui capaz de dedicarle nada mejor. A los pocos minutos me respondió dándome las gracias y enviándome un abrazo enorme.

Después de correr me dirigí a Terapia. En el trayecto iba tenso y algún conductor con una conducción «extraña», a mi juicio, fue objetivo de los sapos que salían por mi boca. Esa actitud no es normal en mi estando al volante.

Llegué unos minutos tarde y al parecer mi lenguaje corporal habló por mi. Después del saludo habitual y unas pocas preguntas mi terapeuta fue al grano:

¿Qué ocurre? ¿Por qué estás así?

—Estoy bien ¿A qué te refieres exactamente?

—Nada más entrar lo has hecho como un carro de combate, tenso, obcecado,….

—No sé, puede que un pequeño problema en el trabajo….—comencé a decir pero «no coló».

—Levántate y colócate en la otra esquina de la sala.—Una vez allí—Date una vuelta de 360º, otra, otra, otra más,… O.k. Mira a este que estaba sentado aquí hace un momento ¿Qué ves?.—me preguntó.

—Lo veo tranquilo y puede que …—No me dejó terminar.

—Date otro par de vueltas anda… ¿Qué ves?.

—Puede que esté enfadado.

—¿Por qué?

A partir de aquí se abrió el bote de las esencias….

—Hoy es el cumpleaños de Amelia, me duele que sea de esta forma. Sé que es donde nos corresponde estar pero no por eso me gusta o me deja de doler.

Mi terapeuta me indicó que la visualizase delante de mi y que se lo dijera a ella. Mientras lo estaba expresando intentaba justificarlo con «esto es lo que hay, no queda otro camino,…» Ella me detuvo de nuevo.

—Es normal que te duela, que te produzca pena, después de más de 20 años te ves fuera y eso duele. Incluso aunque sea, en parte, tu decisión para no colocarla en una posición complicada con su hermana, para lograr una relación cordial más adelante. Te ves fuera del lugar que tuviste durante tanto tiempo y por supuesto que duele. No hablo de querer volver con tu ex ni nada por el estilo. Hablo del lugar que ocupabas, lo que durante tantos años has hecho. Al expresarlo tienes que quedarte en el sentir y lo que haces es intentar no sentirlo colocándote en la misma postura en la que has llegado hoy. Tienes que abrazar esa pena, sentirla y permitirle que se convierta en amor. No la evadas.

Me pidió que intentase volver a expresarlo pero sin justificaciones, que me despidiese con «un simple» lo siento y un cálido «beso volado». Así lo hice y continué.

—La próxima semana es el cumpleaños de Aroha. Será el primero que no celebre con amigos. Pero yo no puedo, no he encontrado el momento ni las ganas. No puedo por mi.—(Ahora se me saltan las lágrimas que reprimí en el despacho).

—Vuelve a ser lo mismo, es tristeza. El ejercicio es el mismo; imagina a tu hija delante de ti  y exprésalo.

Lo comencé a hacer pero volví a intentar justificarlo con que no podía hacerlo por mi mismo. Ella me volvió a detener.

—No, tienes que sentir esa tristeza y esa pena. Esos sentimientos nacen del gran amor que le tienes a tu hija. Para ella es mil veces mejor que ese día esté su padre antes que sus amigos. Tienes que sentirlo, dile sólo lo que sientes, deja que esos sentimientos se transformen en lo que realmente hay detrás, en amor.

Necesite un poco de tiempo después de hacerlo para aflojar el nudo que se me formó en la garganta.

—Ese muchacho—continué—se cansa de decir que no espera nada pero el no de Anabel a su invitación de pasar la noche no le gustó y lo puso en alerta. No está aquí para salvar a nadie, sólo quiere vivir y sentir, asumiendo con ello que le pueden hacer daño y que el mismo puede causarlo.

Mi terapeuta me hizo ver como, en mi actual estado de apertura y sinceridad, podía resultar abrumador ya que no es lo normal.

—¿Y esa sensación de no tener que salvar a nadie es una sensación sobre el pasado o el futuro?—me preguntó.

—Del futuro. Parece que quiero repetir lo mismo.—le respondí

Ella se sonrió.

Lo que tienes es miedo. ¿Al futuro o al pasado?. Date cuenta de que lo te ha pasado es que has colocado una coraza al recordar la situación del pasado, eso te ha dado miedo. Por un lado esto es bueno, es una de las funciones del miedo. Lo que tenemos que hacer es ver que nos dispara ese miedo para lograr identificar la situación. A esta chica la estás conociendo y ya estabas terminando con todo. Te habías ido a un futuro que nadie conoce impulsado por tus miedos del pasado, por la situación que ya habías vivido.

No puede más que darle la razón y reconocer que mi reacción estaba basada en un miedo anterior. Ella continuó:

—Estas declaraciones de principios que haces al expresarte son demasiado. Hace unas 3 semanas que la has comenzado a conocer y probablemente es ella la que esta alerta.

—A mi a veces me sorprende que no haya salido corriendo con los revolcones dialécticos que le he dado. Curiosamente aquí sigue… Yo sólo quiero más complicidad, más tonteo, quiero que juguemos

—Díselo a ella pero sin declaraciones de principios, díselo jugando—me indicó ella.

Le expliqué que, por otro lado, todo eso que ahora podía expresar me enseñaba quien era yo realmente, este yo «mejorado». Me mostraba el gran cambio que había tenido en este corto periodo de tiempo.

 

[Dos horas escribiendo, continúo después]

 

21:12. En ese momento me invitó a mirar a ese yo anterior.

—¿Cómo lo ves?

Tarde un poco en responderle, me resultaba curioso como me estaba representado mi mente.

—¿Recuerdas aquella sesión en la que llegamos a un yo con miedo? Pues no es exactamente así pero sí se está protegiendo. Me veo como con un escudo que va a repeler lo que le llegue, que no va a permitir que lo dañen.

—¿Y cómo te ves, hace años, en tu niñez,…?

—Yo creo que entre los 20 y los 30 años—le indiqué

—Mira detrás. ¿Lo ves sólo?

—No, están mis padres.

—¿Qué hacen, te están tocando?

—No, se mantienen a cierta distancia por detrás.

—¿Qué es lo que sientes?

—Sé por donde vas y yo sé de donde vengo pero no soy capaz de verlo. Quiero decir que por mi hermana y por lo que yo mismo he vivido, soy consciente de cuales son mis raíces y parte de las razones de que yo sea así pero no lo siendo de esa forma.—le respondí.

Llegados a este punto profundizamos un poco en mis raíces pero por el momento y dado que mis padres leen este diario no considero el publicarlo. Probablemente repartiría dolor al no ser entendido.

—Posees una gran virtud [Mi nombre] pero en tu caso la llevas al extremo. Tienes una gran lealtad, eres inmensamente leal, tanto que te pueden cargar con un saco de 50kg y tú lo llevarás durante más de 20 años sólo por lealtad.

—En su justa medida no es malo.—le dije

—No, pero en exceso es un suicidio ya que te obliga a entregar tu propia vida.—con esta respuesta me dejó sin palabras.

Con esto ya casi finalizamos la sesión. Analizamos un poco mi forma de interactuar con las personas que me rodean. A las mujeres las tiendo a proteger y a buscar el reconocimiento de los hombres. Es necesario ver de donde viene todo esto, hemos quedado en comenzar a trabajarlo.

Como ejercicio, además del habitual, tengo que escribir sobre ese yo anterior. Vamos a ver que es lo que va saliendo.

Poco rato después de salir de terapia he comenzado «a jugar» con Anabel y la verdad es que ha sido un cambio agradable, puede que para ambos.

Recogí a las niñas del cole y después de pasar por casa nos fuimos a escalar, la tarde ha sido genial. Curiosamente Ágara me había preguntado si podía entregarle a las niñas en casa de su hermana, próxima al centro de escalada. Allí se las he llevado y me he encontrado con Amelia y su pareja.

Nos hemos saludado brevemente con un gran abrazo y dos besos, ella me ha vuelto a besar en el cuello mientras nos abrazábamos. Con Ágara en nuestra tónica habitual, como si no estuviésemos. Todo esto ha durado poco más de 2 minutos. Me despedí de las niñas y he regresado al rocódromo para mi clase.

Hoy ha comenzado siendo un buen día, el único «mal momento» ha sido al transcribir la sesión de ayer, al llegar al cumpleaños de mi hija.

He podido seguir jugando con Anabel, incluso hemos pasado casi una hora al teléfono con temas de nuestro día a día, hijos y cuadrando la próxima vez que nos veremos.

Las niñas han podido disfrutar de una tarde/noche de Halloween con su madre. Hoy las he encontrado mucho más contentas y habladoras en el momento en que las llamé.

Lo dejo por aquí. Ya nos falta una noche menos para vernos mis amores. Las echo de menos. Muchos besos mis viditas, las quiero.

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