20 de Septiembre de 2019 Pena, Tristeza , Soledad y Miedo (Parte I)

00:27. Esta va a ser una entrada muy larga, tal vez demasiado. Me habría gustado completar la última entrada, la del 18 de septiembre. Expresado que en algunos momentos tengo dudas sobre mi actitud, comportamiento, este camino y la forma en que lo afronto.

Tenía mucho que decir pero los acontecimientos de esa noche lo cambiaron todo. Noche dura, regresó el yo mental, el racional,… Tuve que dar un paso a un lado para recoger la coraza, enfundarme en mi brillante armadura.

Esta ocasión fue diferente, con y por mis hijas, no por ella, no por mi. A mi yo anterior no le afectaban las lágrimas, el actual se las ha tenido que tragar, esconderlas y llorar por dentro.

Fue mi madre quien recogió a las niñas de la escuela. Nos encontramos todos en su casa, la realidad es que coincidimos llegando a la vez. Mi hija mayor me recibió con un gran abrazo, de los que te reconcilian con el mundo. Allí pasamos una tarde genial que finalizamos con las clases de escalada. Nos acompaño mi padre para ir luego a merendar en una cafetería.

Finalizado el día regresamos a casa. Mi hija mayor me manifestó que echaba de menos a su madre antes del baño. Le respondí que en un ratito podrían hablar con ella, antes de la cena.

Justo al salir de la ducha la niña me hizo otro comentario que me dejó un poco parado.

—Papá [Nombre de su tutora] me ha dicho que los nueve años son un edad en la que es normal estar un poco choff. Pero no yo recuerdo que [Nombre de un compañero] o [Nombre de otro compañero]—ambos con 9 años— estuviesen así, o yo no me di cuenta.

No sé en que contexto  su tutora le dijo eso pero darle esa explicación a la niña a mi no me ha sentado bien. No creo que conozca a mi hija lo suficiente o tenga la información necesaria para poder aplicar esa generalización a mi hija.

—Cariño aquí todo el mundo tiene su teoría pero parece que nadie tiene ojos para ver la totalidad del problema o el origen.—Fue lo que le respondía a la niña.

También le expliqué que ningún niño era igual y que eso no se podía aplicar a todos de la misma forma.

Internamente pensaba que tenía con hablar con esa mujer para que se metiese sus valoraciones por donde mejor le vengan. También tengo que volver a hablar con la niña para que me explique bien esa conversación.

Como de costumbre, terminado el baño, les dejé el móvil y me fui a preparar la cena. A mitad de la conversación salí al salón y puede oír a las niñas hablando con la pareja de mi ex, regresé al a cocina para no escuchar nada.

A los pocos minutos escuché a mi hija, pensé que ya habrían terminado y venían a cenar. La mayor llegó llorando.

Echo mucho de menos a mamá. Quiero verla.

—Pero, ¿Ha ocurrido algo mi amor?

—No, sólo que la estoy echando mucho de menos.

Le iba a continuar preguntado cuando escuché que bajaba la pequeña, también lloraba. Ella traía el móvil y su madre continuaba al otro lado. La intentaba consolar, aunque por su tono de voz ella no estaba mucho mejor que las niñas.

No entendía el porqué de esa situación. ¿Qué ha pasado aquí? Me preguntaba.

—Cariño. ¿Qué ha pasado? ¿Han discutido con mamá?.—Le pregunté a mi hija mayor mientras abrazaba a la otra pero no recibí respuesta.

Dejé a la pequeña en el salón, con su madre al teléfono, y me fui con la mayor a la cocina. Quería intentar consolarla y tratar de entender lo ocurrido. Ella me repetía que no había discutido, solo la echaba mucho de menos.

Estuvimos de esa forma unos minutos mientras escuchaba de fondo a la otra llorando y a su madre intentando calmarla por el teléfono, también entre sollozos. La niña le reclamaba verla.

Dejé a mi hija llorando en la cocina y fui a darle un vistazo a la pequeña. La encontré acostada en el sillón. Lloraba desconsoladamente mientras abrazaba el teléfono.

Esa imagen hizo salir al otro yo, al funcional, el que se hace cargo y tira siempre para delante.

Consideré que la situación estaba siendo muy dañina para las niñas. Sequé mis lágrimas y me coloqué la armadura, esto no me puede afectar, ahora no. No podemos ser cuatro los que terminemos aquí como Magdalenas, no de esta forma.

Le pedí a mi hija pequeña que se despidiera de su madre y así lo hizo. Recogí el móvil y no estoy seguro de si dejé que su madre terminara de decir adiós antes de cortar la comunicación. Pude ver su cara fugazmente, no estaba bien pero no me importó. Creo que en ese momento estaba muy enfadado con ella, la culpaba por todo eso.

Cogí a mis dos hijas y nos abrazamos los tres mientras ellas lloraban. Yo ya no lo hacía, estaba centrado en tranquilizar a las niñas e intentar saber el porqué.

Les volví a preguntar y la mayor comenzó a hablar.

—Yo quiero estar más tiempo con mamá y contigo.

—Te entiendo mi vida pero a mamá la has visto esta mañana y anoche durmieron con ella. No comprendo muy bien esta situación de ahora.

Durante este proceso es la primera vez que me veo con ambas llorando y reclamándome ver a su madre.

—¿A ustedes esto les ha pasado estando con mamá? Echándome de menos a mi me refiero.—les pregunté a las niñas.

—A [Nombre de la mayor] sí—respondió la pequeña automáticamente.

¿Y cómo es que no me han dicho nada o no me ha comentado algo mamá?—me pregunté a mi mismo en voz alta.

De repente se me encendió «la bombilla». Echan de menos a su madre y no hace ni 12 horas que la han despedido, después de 4 días con ella. «Espera, ¿Con ella?«.

—Chicas. Ustedes cuando están con papá. ¿Con quién están?.

—Contigo—respondieron ambas, todavía lloraban.

—Y cuando están con mamá, ¿Con quién están?— les volví a preguntar

—Con mamá.

—¿Sólo con mamá?

A partir de aquí todo se fue aclarando.

—Bueno, con mamá y también con [Nombre de su pareja], a veces también con [Nombre hijo de su pareja].—respondió mi hija mayor.

¿Puede que estén echando de menos a mamá porque les gustaría estar más tiempo sólo con ella?—les pregunté.

—Yo me lo paso bien con [Nombre de la pareja de mi ex] pero hay veces que me canso y me gustaría que no estuviese.—Volvió a responder mi hija mayor.

—Lo entiendo cariño. Sé que esta situación no es fácil y que nos echas de menos, tanto a mamá como a mi. Mamá ha decidido repartir su tiempo de esa forma y compartirlo con ese amigo. ¿Tú esto se lo has dicho a mamá?.

—No.

—Mi amor papá no puede meterse en como mamá organiza su tiempo. Esto es algo que tienen que ir resolviendo ustedes. ¿Mamá sigue sin hablar contigo?.—continué preguntándole.

Mamá si habla conmigo papá. Yo estaba confundida. Ella si había hablado pero yo no la había entendido. Ahora ya lo he entendido.

—¿Y qué te ha dicho tu madre?.

—Que ahora íbamos a pasar más tiempo con [Nombre de su pareja] y con [Nombre hijo de su pareja].

—Cariño pero es que tú tienes que tener también la confianza de decirle a mamá esto que me estás contando a mi. Las dos me están diciendo que quieren ver a mamá, que les gustaría verla mañana. Mi vida yo organizo mi tiempo para intentar estar todo lo que puedo con ustedes. Me dicen que quieren ver a mamá mañana y, en parte, entiendo que es porque no pueden estar todo lo que les gustaría a solas con ella. Mamá y papá tienen el mismo tiempo con ustedes. No creo que sea justo que tengo que dejar de estar con ustedes más tiempo cuando es mamá la que decide organizar su tiempo de esta forma. ¿Ustedes lo ven justo?—Ante esta última pregunta ambas se miraron y no dijeron nada.

Papá es que también los 4 días es mucho tiempo.—fue lo siguiente que dijo mi hija mayor.

—Lo sé cariño. Yo, y estoy seguro que también mamá, las echamos un montón de menos, sobre todo, en mi caso, la última noche.

A continuación les expliqué que el próximo mes sería mejor ya que empezábamos a 5 días pero ellas podrían ver al otro el tercer día, eso lo hará mucho más llevadero para todos. También les insistí en que tenían que hablar con su madre sobre lo que me habían dicho.

—Papá es que nosotras hemos decidido hacer 2 equipos. Uno aquí, nosotros contigo, y otro allí, nosotras con mamá. Entonces nosotras no llevamos comentarios que podamos oír allá aquí, ni los de aquí para allá.—Mis niñas nos están protegiendo, menuda carga para mis angelitos.

—Mi amor  ya esto lo hablamos. Ustedes tienen que ser niñas y tienen que tener la libertad de poder decirnos lo que quieran. Ya seremos mamá y yo, como adultos, los que gestionemos eso, si nos duele o no. Tú tienes que tener la confianza de poder decirme lo que quieras. Si te lo has pasado bien con mamá, con [Nombre de su pareja], con [Nombre del hijo de su pareja] o con otras personas,… todo lo que quieras decirme mi amor estará genial. Al igual que si te pasa algo malo o te preocupa. Lo mismo al revés, si hay algo que no te gusta de aquí también tienes que poder decírselo a mamá. Mi amor yo me equivoqué cuando te dije que no quería saber nada de la vida de mamá. Si a ti te apetece contarme cosas tienes que poder hacerlo porque tienes que ser niña y no preocuparte de si me lo cuentas o no.

Las niñas apenas cenaron y la velada se nos alargó bastante. Yo estaba muy enfadado con su madre.

A las 21:20 recibí un mensaje de su madre.

—¿Qué tal?¿Dormidas?

—Dormidas???Ya hablaremos no te preocupes.—le respondí.

Las niñas se acababan de levantar de la mesa y la mayor no dejaba de temblar. Tiré el móvil a un lado y las subí a la cama.

—Dime. Cómo qué no me preocupe?—envió 10 minutos después.

Casi una hora después pude bajar de nuevo.

—Dormidas.—le puse

Al mensaje anterior le respondía lo siguiente:

—Es la típica expresión de «no te preocupes que ya cantaré las 40″… Sinceramente, ahora mismo no quiero hablarte ni escucharte. Han pasado un mal rato, han llorando, hemos hablado largo y tendido (seguro que continuaremos haciéndolo mañana) y, por fin, se han dormido tranquilas, las dos. Ya te comentaré mañana que tal pasan la noche.

—Qué me vas a cantar las cuarenta? Es una amenaza? Todos pasamos un mal rato. Nos echan de menos a ambos, cuando están conmigo a ti y viceversa.—fue su respuesta.

—Por supuesto que no es una amenaza. Es lo que quiso decir esa expresión cuando te la puse, debido a ese momento. Como te he dicho ahora no es momento de hablarlo. Yo no quiero hacerlo ahora si te parece mejor explicación. Están tranquilas y dormidas.

—Vale. Gracias, hasta mañana.

A las niñas les costó dormirse, sobre todo a la mayor. Ambas me pidieron un masaje en la barriga y la grande no me permitió marcharme hasta que estaba profundamente dormida. Abría el ojo y me buscaba cada vez que me movía.

Una vez dormidas si pasaron buena noche.

Yo pensaba hablar con su madre pero después de su insinuación de amenaza lo descarté. «Serán las niñas las que pasen la factura», me dije.

Lo hablé con mi hermana y me dijo que hacía bien:

Ella no quiere lecciones tuyas, sería como volver a ser la niña pequeña que se sentía al vivir contigo. Esto le reventará en la cara.

También tuve la oportunidad de hacerle un mini resumen  a la seguidora del troglodita. Me gustó la vuelta que le dio a la situación.

Si fuese ella la que estuviese en tu lado ¿Qué pensaría?—me preguntó.

Esta ella de ahora no lo sé, no la conozco. La que creía conocer se estaría cagando en mis muertos.

Terminé con un pensamiento que fue capaz de sacarme una sonrisa. «Creo que ya sé por donde va a ir la sesión de terapia de mañana». No me equivoqué.

Me voy a descansar, 2:35. Por la mañana relataré la sesión.

Buenas noches mis amores. Las adoro.

Fin parte I

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