26 de Agosto de 2019

23:25. Mi hija parece que se va recuperando de su dolor de oído. Hemos mantenido el contacto mediante audios y hemos podido hablar por la noche. El miércoles iremos al médico para comprobar que no existe infección pero la verdad es que tiene muy buena pinta.

Hoy he tenido nueva sesión de Terapia. Ha resultado tan reveladora como las anteriores. Al comenzar y tras las preguntas de rigor le he hecho un resumen de lo vivido en estas semanas y de como me he sentido. Le he querido comentar especialmente lo ocurrido ayer. Ella me ha felicitado diciéndome que el 50% del trabajo es darse cuenta.

Hablamos de la rabia y la ira que he experimentado en estas semanas. Del contacto con mi ex-cuñada e incluso de lo ocurrido con mis ex-suegros en la playa. Le he dicho que entendía la situación y la posición en la que se encontraban, aunque en cierta forma me sentía como si me hubiesen sustituido con una gran facilidad. La realidad es que prefiero no tener contacto, no tengo nada bueno que decirles y no quiero forzar ni situaciones falsas ni posibles discusiones que dificulten relaciones futuras.

Lo mismo me ocurre con mi ex aunque con ella también siento una gran decepción, tristeza, dolor y desprecio. En algún momento nos hemos reído ya que ella reconocía que yo tenía razón al indicar, en mi última carta no solicitada, que ella sospechaba que estaba evitando la rabia pero evidentemente saldría.

Sobre esa carta me ha indicado que han salido cosas muy interesantes y que le gustaría trabajar sobre la ira pero no quiero dejar pasar mucho tiempo para trabajarla por completo. Por diversos motivos no nos veremos de nuevo hasta dentro de 3 semanas, como poco, por lo que ha preferido no entrar ahí por el momento.

Me tenía preparado un ejercicio del que tengo especial interés en intentar describirlo bien ya que es mucho lo que he podido extraer del mismo. Consistía en 4 hojas donde cada una representaba a un miembro de la que, hasta hace poco, era mi familia. Estas hojas incluían una marca que señalaba hacia donde miraban. Me pidió que las colocara en el suelo de la sala según yo consideraba que estuviesen las cosas en el momento actual. Mi primera opción fue la siguiente:

 

Luego decidí cambiarlo:

—La disposición es esa para mi pero el sentido en el que miran no me permite completarlo. Ahora te explicó por qué.—Le dije mientras modificaba la posición de las hojas.

 

Yo miro a mis hijas pero, me guste o no, también la miro a ella. Por eso la coloqué inicialmente detrás de las niñas, dentro de mi línea de visión. Sin embargo eso significaría que las niñas no la miran a ella y no es la realidad, por eso he realizado el cambio. Consistiría en una mezcla de ambos.

Ella me pidió que me colocase sobre mi hoja y expresase lo que sentía sobre cada miembro de mi familia.

Miro hacia mis hijas porque son mi motor, mi fuente de alegrías. Sé que me vida no puede volcarse en ellas pero ahora mismo son lo único importante. [Nombre hija mayor] es AMOR, es la que me cuida y por eso me está mirando directamente a mi.

—Explícame eso.—me pidió.

—Ella se da cuenta de todo, aunque no lo pueda entender o tal vez sí…—Le conté lo ocurrido cuando ambos encontramos nuestras miradas, después de ver el coche de su madre y su pareja juntos en casa de sus abuelos. Ahora comprendo que si estaba asustada era por como me afectaría a mi. Le conté sobre sus abrazos, sus cuidados, su gran amor por mi,…

Mi terapeuta afirmó que, además de encontrarse en un momento evolutivo donde la relación con su padre se magnifica, los niños tienden a ponerse del lado del más dolido. Yo le afirmé que sin duda ese era yo.

—Yo me he prometido no mentir a mis hijas y nunca hablarle mal de su madre. Ellas saben que estoy triste y enfadado con su madre.—Le conté las conversaciones que había tenido con ellas e incluso que en una de ellas, solo con la mayor, le había dicho que algunas preguntas era su madre quien las tenía que responder, aunque por el momento ella no quisiera hablar con ellas. Le dije que si no lo hacía ella sería yo, llegado el momento, o bien lo podría leer en este diario. Acordamos, la niña y yo, que lo podría leer a los 14 años.

A continuación me preguntó por [Nombre hija menor].

Ella es LUZ, no tengo otra palabra que la pueda definir mejor. Ella permite que que fluya, está bien con su madre y conmigo. Si se ve querida no le importa con quien comparta el tiempo. Es luz y eso que muchas veces no puedo con ella ya que también es «un bicho», me «pica», me busca las vueltas, etc.. pero… es luz, puede conmigo.—Le respondí

—¿Y con [Nombre de mi ex]?—continuó

Yo creo que en ese momento me cambió el semblante

Decepción, pena, desprecio, dolor, rabia, ira,… me produce todo eso, sobre todo rabia, mucha rabia. La decepción es un problema mio ya que no llegó a ser lo que yo esperaba de ella….—Mi terapeuta me detuvo y me indicó que me quedase sólo en el sentir. Yo continué—Tengo claro que nuestra relación era cosa de dos y así como ambos cedimos, ambos permitimos. Otros echos, como la infidelidad, son errores suyos, que sin ser lo más importante han sido el detonante de la rabia.

El ejercicio continuó colocándome sobre cada una de las otras hojas. Mi hija [Nombre hija menor] podemos decir que va por libre, es feliz en su inocencia.

Sobre la hoja de [Nombre hija mayor] todo fue muy diferente. La niña está triste, muy triste. En parte por la situación y en parte por mi propia tristeza. La Terapeuta me recomendó que no les volviese a decir que estaba enfadado con su madre ya que posiblemente la niña comenzaba a enfadarse con su madre. Les podía contar, cosa que las niñas ya saben, como que ahora lo mejor era vivir separados. Lo entiendo pero reconozco que ahora, en el momento de escribirlo, tengo sentimientos encontrados al respecto.

Colocado sobre la hoja de [Nombre de mi ex] percibí culpa, pena y tristeza respecto a las niñas. Respecto a mi era más bien una sensación de «Cuidado con lo que dices o haces porque este se va a revolver a la mínima que pueda«.

En ese momento mi terapeuta apartó las hojas de las niñas y enfrentó nuestras hojas. Me animó a decirle lo que sentía.

Me engañaste, me has sido infiel, me has roto sin ni siquiera intentarlo, no me has respetado

También me colocó sobre su hoja pero lo único que podía percibir era que consideraba estar haciéndome un favor, por finalizar tantos años de mentiras y permitir que ambos pudiésemos vivir de verdad. Aunque me insistió en que tratara de expresar algo lo único que me salió fue un dudoso «lo siento».

Para terminar este ejercicio me volvió a situar sobre mi hoja y me preguntó si era capaz de girarme y dejar de mirarla. No puedo hacerlo, no pude. No sé lo que significa pero no pude.

Mi terapeuta me indico que su impresión, su hipótesis más bien, era que ella se había situado detrás de una gran coraza para no ver nada de esto.

—¿Una coraza?¿Y de qué se esconde, de qué tiene miedo?—Le pregunté.

—Probablemente intuye que aquí hay mucho dolor y que si lo toca se le va a romper parte de su corazón.—Fue su respuesta.

—Pero ya lo hemos hablado, podrá huir un tiempo pero no va a lograr escapar del duelo…—continué yo

—Desde luego que no, pero mi impresión, sin conocerla, sólo con los echos, es esa. Prefiere estar segura ahí detrás.

Yo sé mucho de corazas y no sirven. Cuando las retiras, de lo que quiera te estuvieses escondiendo/protegiendo continúa a tu lado y no se detiene hasta que te alcanza.

Finalizamos hablando un poco de mi aspecto hiper-controlador. Me indicó que bajo tanto control lo que suele existir es miedo, aunque pueda no parecerlo. El controlar las situaciones nos da seguridad de que no vamos a tener que sentir miedo.

Tendremos que ver de donde nace todo eso. Por un lado me alegro de entrar por ahí ya que, en cierta forma, nos centramos más en mi. Bueno siempre nos hemos enfocado en mi, sería más correcto decir que nos centramos en otros aspectos.

Como ejercicio tengo que continuar observando mi rabia en indagando en mi pasado/infancia sobre factores que pudiesen dar origen a ese aspecto controlador. También me animó a que, si salían, le escribiese más cartas como había hecho con la anterior.

Mi tarde ha transcurrido tranquila, ocupado con actividades físicas y de concentración.

Buenas noches mis amores. Nos vemos mañana. Las quiero mis viditas.

 

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