20 de Agosto de 2019

17:43. Día tranquilo en el trabajo, hoy no me puedo quejar.

Ayer salí a un centro comercial después de escribir en el diario. Me puse a escuchar Mecano en el coche, es uno de mis grupos favoritos desde la adolescencia.

Por desgracia una de sus canciones me ha roto:

Lo curioso es que la escuchaba pensando que era lo que podría sentir mi ex. Sin embargo he terminado llorando como un tonto mientras la cantaba. Llevaba tiempo sin hacerlo de esta forma.

Por la tarde he ido a por mis hijas. Como las últimas veces las encontré esperando en la calle con su madre. Ella y yo apenas nos hemos mirado mientras las niñas se subían al coche. Bueno, me corrijo, yo apenas la he mirado ni le he querido dirigir la palabra más de lo necesario. Sí que la he mirado cuando se iba de espaldas al coche mientras consultaba su móvil. Siento decir que había desprecio en mis ojos.

Mi hija pequeña estaba súper feliz por su cumpleaños. Lo hemos «mini celebrado» en casa de mis padres, con ellos y mi abuela. El miércoles lo haremos con toda la familia. Sólo le he dado un par de regalos, el resto se los entregaremos mañana.

Después de la celebración y de estar un buen rato jugando nos hemos ido a la playa, lo tenía previsto por lo que tenía todo lo necesario en el coche. El cielo se había nublado un poco pero aún así se querían bañar por lo que al agua que nos fuímos. Nos acompañaban mis padres.

Finalizado el baño nos tomamos un helado y regresé a casa de sus abuelos maternos para volver a entregárselas a su madre.

Como he dicho mi hija pequeña estaba muy contenta, ya es «mayor», pero también la noté muy «subidita». Puede que fuese por este día o bien ella comienza a exteriorizarlo así, esta última posibilidad me la comentó mi hermana por la noche.

A llega a casa de sus abuelos pude ver el coche de su madre y, a su lado, el de su pareja. En fin, no lo negaré, pensé «¡Qué poca vergüenza!. Ahora tengo que dejar a mis hijas con este.«. Tocamos dos veces en el portero automático pero nadie respondió.

—Claro papá, es que los abuelos están en la piscina y mamá estará en el apartamento.—me dijo mi hija.

A mi me hizo gracias lo de «el apartamento». Las dejé en la puerta y me fui a por el móvil que había dejando en el coche, quería avisarla de que ya estábamos ahí.

Cuando llegué ya estaba la puerta abierta, un vecino acaba de entrar. Las niñas pasaron, una se dirigió al semi-sotano y la otra a la vivienda. En ese momento ella salió de la vivienda preguntando si habíamos tocado. «Dos veces bonita» pensé yo. Les dije adiós a las niñas y mi ex se despidió con un simpático «Adiós papi». En fin, esta mujer es muy especial.

Regresé a mi casa para poder dejar las cosas listas para el trabajo de hoy. He pensado un poco en el tema pero mis palabras mágicas y mi nuevo objetivo de hacer 100 flexiones  me han permitido «quemar» esos pensamientos.

He podido dormir bien y el día en el trabajo ha estado dentro de la normalidad tirando a tranquilo.

Como todos los días les envié un audio a las niñas por la mañana. Sé que se lo ha puedo esta tarde, imagino que le habrá tocado trabajar hoy. Me ha enviado una foto de las niñas bañándose en la azotea, hace un día soleado.

Antes del mediodía recibí un mensaje de mi ex-cuñada:

«Buenos días [Mi nombre]. Solo saber si estás bien y que sepas que me acuerdo mucho de ti. Un abrazo enorme. Estoy segura de que todo irá a mejor. 😘 😘 😘«

Le he dado muchas vueltas a si le debería responder o no. Finalmente lo he hecho esta tarde:

«Hola [Su nombre en diminutivo]. Espero que estén bien. Llevo horas dándole vueltas a si te respondía o no.

Yo también he echo mucho de menos. Incluso he estado tentado de llamarte en un par de ocasiones. Sin embargo mi estado emocional no es el adecuado para eso y he preferido no hacerlo.

Probablemente, con la relación actual que mantengo con tu hermana, no es lo más conveniente tener mucha relación, aunque me duela. De todas formas esta relación actual es cosa mía y créeme  que es lo más beneficioso en estos momentos (mientras más lejos mejor).

Yo también estoy seguro de que irá a mejor pero te agradeceré que no lo vuelvas a nombrar.

Cuídate mucho y, por favor, también a las niñas. 😘 😘 «

Hasta aquí mi día de hoy por el momento.

23:55. He recibido respuesta de mi ex-cuñada:

«Pues igual que yo entonces que también llevo semanas pensando si te digo algo o no. Estoy de acuerdo lo mejor es la distancia. Te entiendo 😘 😘 «

Me habría gustado responderle muchas cosas, las tuve escritas en el móvil pero me quedé en un simple «Gracias».

Se lo comenté a mi hermana y me dijo que por lo menos había dado señales de vida.

—Sí, no digo lo contrario pero precisamente ella no puede ni va a ser mi confidente. Además, no se me pasa por la cabeza colocarla en ninguna situación complicada con su hermana. Que esté con quien tiene que estar. Mira que la echo de menos, pero ahora mejor no. Todavía estoy muy 😠 😠 😠 y me queda para rato.

—No tiene que ser tu confidente pero buen rollo si por lo menos.—fue su respuesta.

Ahora no tengo palabras bonitas para su hermana. Si quiero buen rollo mejor más tiempo. Vamos a dejarlo en la cordialidad de estos mensajes que hemos intercambiado.—Después de esto me hermana terminó apoyando mi decisión.

Sinceramente no creo que mi ex-cuñada pueda entender hasta donde llega lo que siendo por su hermana en estos momentos.

Hoy he aprovechado para responder un correo electrónico que me envió esa madre de la escuela del día 9. Creo que no había comentado nada de que lo había recibido. En realidad me di cuenta el día 12. Me tomé unos días para leerlo con tranquilidad y otros tantos para responderlo. Igual hoy no era el día adecuado para escribirlo pero así ha salido.

A continuación transcribiré su respuesta y la mía. Omitiré las partes que nada tienen que ver con mi proceso.

Mail recibido el 09/08/19:

«

Hola [Mi nombre],

He tardado en responderte. Yo también, no he encontrado el momento oportuno, el silencio y la tranquilidad adecuada para responderte, independientemente del resultado.

De hecho, te quería pedir un favor. Iba a comenzar disculpándome por la tardanza en la respuesta, tal como hiciste tú la semana pasada (además de tu agradecimiento). El favor consiste en no que no nos disculpemos. Estos encuentros deben estar “sujetos” a la libertad, a estar “libres” de compromisos. Ambos somos conscientes de lo que supone escribir este tipo de correos, que no se escriben a la ligera, así que dejemos las disculpas para otros y limitémonos a escribir con toda confianza cuando surja, cuando queramos y podamos, cada uno a su ritmo…

Estaba pensando en qué bello es tener dos hijas como las tuyas. Bello en el sentido de privilegio, de fortuna, de tesoro. Bello porque tienen una luz maravillosa, las dos. Atesora esos momentos que disfrutas con ellas. Ya veo que son como gotas o manantial de luz para ti.

Sí, también la ves a ella en las niñas, por supuesto, pero la alegría y el amor de tus hijas, su espontaneidad, sus miradas, sonrisas y risas… son un regalo del cielo. De hecho, creo que nunca te he agradecido que, cuando estaban contigo, ibas tú a recogerlas a la escuela, me dejaras disfrutar los regalos que me hacían: los saltos de [Nombre de mi hija pequeña], su sonrisa, su juego con mi trenza, los abrazos o palabras de [Nombre de mi hija mayor], su mirada… [Nombre de mi hija pequeña] se acercó a mí y tocó no solo mi corazón, sino mi alma; [….]

Qué afortunado eres porque en medio de todo este volcán de emociones que van saliendo en tu proceso, tus niñas van apaciguándolas, añadiendo su dosis de amor profundo, de inocencia, de infancia, su dosis angelical, de paz, de serenidad… No, no me confundo. Sé que son niñas y tendrán sus momentos difíciles, por llamarlos así, momentos de niños también. Sin embargo, tus hijas poseen una dulzura y una ternura innata que desarman a cualquiera.

Como ha pasado una semana, no sé cómo llevarás ese surtidor de rabia. Supongo que será por momentos, por días, como el día que me escribiste, en el que la tristeza estaba más presente. Creo que la rabia es positiva cuando se acepta, cuando se le abre la puerta –controlando para no hacer daño-, pues su efecto destructor permite que se pueda construir, aunque oculte tristeza, porque también genera una fuerza interna. La rabia es sana cuando se acepta como parte del proceso y se le mira a la cara, sabiendo que es pasajera, que vendrá como una ola en cualquier momento… pues cuando se sabe nadar, simplemente coges la ola y ya está. Ah, sí, nos puede venir de improvisto y jugarnos una mala pasada, pero no nos vamos a ahogar por eso, aunque nos suma otra vez en la tristeza. La rabia no es contra nadie, la rabia es la frustración y la impotencia ante lo que se ha vivido, lo que se ha hecho y dejado de hacer, lo que se ha dicho y lo que se ha callado…

Veo que tu proceso te lleva a vivir momentos de montaña rusa o, al menos, de subidas y bajadas de ánimo. Es un proceso grande el que has iniciado; no solo por tu situación de separación, sino por tu interés por descubrirte, por encontrarte, por solucionar desde dentro. ¿Cómo vas a ver el alba sumido en ese mundo de emociones dispares y, a veces, disparatadas? En la oscuridad no se percibe. Es difícil incluso imaginarla. Parece que ni existe. Ah, pero el alba llega, llegará, en el momento más inesperado te iluminará con su luz. Hay que darle tiempo, un tiempo sin tiempo, sin etiquetas, sin limitaciones.

Mi terapeuta me ha sugerido lanzar preguntas al universo dejando que las respuestas lleguen en su momento o simplemente que, de repente, la respuesta sea un hecho concreto que ocurre. Al leerte me acordé de una que me sugirió […] “Que es lo que no estoy viendo de todo esto?”.

Sí, funciona.

Como también funciona, la frase que vi en tu diario el día que lo compartiste conmigo: “Lo siento, perdóname. Gracias. Te amo”.

Vi que lo dices como un mantra. Una amiga mía lo utilizó así y su vida cambió. Sí, también tuvo un tema de pareja. Esta amiga mía es una fuente de serenidad natural; es lo que recibes de ella siempre, pero, evidentemente, no la podía sentir. Con esa frase, la recuperó para ella misma. Su vida mejoró enormemente.

Me decía ella que decirlo sin nombre era una forma de sanar no solo una relación, sino todas. Me pareció portentoso.

De todas maneras, creo, aunque no sé si es correcto, que cuando hay una “dificultad” con una persona en concreto, hacerlo mencionando su nombre también ayuda muchísimo. No sé si lo haces o no. Ni siquiera tienes que decírmelo. Es tu vida. Son tus herramientas. Es tu vida privada.

Solo es una sugerencia, por si no se te había ocurrido.

Cuando lo leí en tu blog, no vi la palabra “Gracias” escrita. Tal vez se te pasó o simplemente no la utilizas. Quizás quien te la sugirió o el libro donde lo leíste, la omite.

A mí, personalmente, me parece que esa palabra tan simple, “Gracias”, es muy potente. Es más. Utilizando solo esa palabra se logran “milagros”, tanto si se utiliza así, en general, sin nombrar a nadie, como si se menciona el nombre de la persona con la que se quiere resolver un problema.

Cuando damos las gracias, estamos llenando de bendiciones a la persona a la que se las damos, al universo y, por tanto, a nosotros mismos.

Hay tantas cosas por las que dar las “Gracias”, hasta los detalles más pequeños.

Y también a las personas que “nos hieren”… Siempre hay algo que agradecer.

Ay, [Mi nombre], siento mucho lo duro que te está resultando, que te hayas “roto en mil pedazos”. No te consolará ahora, pero estoy segura de que serás como el ave fénix, renacerás de tus cenizas.

Sí, lo sé. Es posible que algún momento pases de “leer”, de “escribir”, de intentar buscar respuestas,… Todo forma parte del mismo proceso. A veces, depende de las circunstancias, paramos, parece que abandonamos… Solo estamos digiriendo, dejando que ocurran las cosas…

Renacerás. ¿Cuándo? Un día cualquiera que hasta puede pasar inadvertido porque puede llegar para sorprenderte, desde la humildad y el silencio… o no, puede llegar con fuerza. No importa. Allí está ese día a la vuelta de la esquina.

Mientras tanto estás tú, con tus fuerzas y voluntad. Tienes a tu hermana, muy sabia –por lo poco que leí en aquel momento en tu blog-; qué afortunado eres. Me imagino que tienes tus amistades. Tu terapeuta. Yo también estoy, humildemente. Lo que te quiero decir es que estás tú, “solo ante el peligro”, pero te acompañamos también todos nosotros, pocos o muchos, pero desde el corazón.

Ah, sí, y cuentas no solo con la compañía de los ángeles, sino de dos angelitos en la tierra: [Nombres de mis hijas], tus lindas hijas.

Cuídate mucho, a todos los niveles. Sí, aquí estoy, sin compromiso, con libertad, sin un tiempo establecido, que no se convierta en una obligación… de esas hay más de la cuenta. Somos libres. Que los encuentros para compartir desde el corazón y el alma también sean libres.

Hasta la próxima, y GRACIAS a ti también,

[Su nombre]«

Mi respuesta 20/08/19:

«

Hola [Su nombre],

Vi tu mail el día 12 y dejé pasar un par de días para poder leerlo con detenimiento. Aún me he tomado algunos días más para responderte de la forma más adecuada. Estoy de acuerdo contigo en que no tienen sentido las disculpas. Actuemos desde nuestra libertad y nuestra disposición.

Mis hijas son mucho más que dos gotas de luz, son mi motor en estos momentos. He comprobado y aprendido que puedo vivir sin [Nombre de mi ex], mi felicidad sólo depende de mi pero si me faltaran mis hijas… ese si que sería un golpe del que no sé como podría salir. Soy consciente del tesoro que son mis hijas para muchas personas, compruebo que también para ti. Gracias por haberlas acompañado este tiempo y porque estoy seguro que lo continuarás haciendo.

Ahora mismo mis hijas también son mis maestras en muchos aspectos. Logran darle «normalidad» a cosas que para mi no lo son y me permiten comprobar que afrontan la situación de una forma sana, a su manera pero sana. Actualmente [Nombre de mi hija mayor] ha comenzado a exteriorizar toda esta situación, hay quien dice también que es su transito por el Rubicón. Tal vez esas personas deberían de hablar más con la niña y permitirle expresar sus emociones, resolver sus dudas, etc…

Como puedes comprobar mi rabia no se ha marchado, ha dado paso a momentos de mucha ira que todavía aparecen de vez en cuando. Acepto la rabia pero no la veo como tú, no la veo como la aceptación de lo ocurrido, a la situación ya me rendí hace tiempo. La rabia no ha surgido de lo que he hecho ni he dejado de hacer, eso me produce pena. Mi rabia nace de lo que ella hizo. La relación que teníamos la construimos entre ambos y ahí no existen culpables ni un responsable único. La infidelidad, incluso cuando lo estábamos intentado, ese es un error en el que si existe un único responsable. No es lo peor ni lo más grave de todo este proceso pero sí es el detonante de mi rabia. Tardé casi cinco meses en ponerle nombre, infidelidad, una vez puesto se abrió el volcán de la rabia.

Es triste pero a día de hoy, mientras más lejos mejor. Durante un tiempo no entendía su falta de comunicación, ahora soy yo el que no quiero ni verla, ni hablarle ni tener nada que ver con ella. Por desgracia, están las niñas y eso me obliga o no poder dejarla a un lado por un tiempo mientras continúo asimilando. No quiero evitarlo ya que eso no me permitiría sanar pero un poco de alejamiento en un momento dado no me vendría mal. También es cierto que el actuar de esta forma (no verla, no hablarle,…) responde a un intento de no discutir con ella, no en la forma en la que lo haría ahora ya que eso no va a facilitar una relación cordial en el futuro. Espero tener la oportunidad de hacerlo pero con otro estado emocional que me permita hacerlo de forma tranquila.

Sin duda llegará el tiempo en que me pueda reír de todo esto, pero en este momento toca vivir lo que me toca. Evité durante mucho tiempo la rabia y eso también fue un error.

La montaña rusa continúa, a veces tengo etapas de tranquilidad y otras vuelvo al sube y baja, ayer mismo tuve un pequeño bajón que se me sumó al quinto cumpleaños de [Nombre de mi hija pequeña], primero que no despierto a su lado. El día de antes pensé por algún momento que me habían robado mi vida, ayer comprobé que es así pero es un parte que no quiero recuperar. Eso forma parte de mi camino de crecimiento el cual continúo obstinado en continuar y llegar lejos.

Como dice tu terapeuta he tenido la oportunidad de poder ver muchos aspectos de mi relación pasada desde afuera gracias a las experiencias de otras personas y eso ayuda mucha. A ver si llega el momento en que pueda ver todo este momento actual desde afuera y puedo tener el mismo aprendizaje al respecto. Por el momento estoy muy metido en esta etapa, me gustaría poder abstraerme, dejarla pasar pero ya he comprobado como afecta no sacar lo que uno tiene dentro. Toca esta parte.

Lanzar preguntas al universo dejando que las respuestas lleguen en su momento o simplemente que, de repente, la respuesta sea un hecho concreto que ocurre.

Esto que has puesto lo he leído no hace mucho en el libro «Deja de ser Tú» de Joe Dispenza. No recuerdo como lo llama exactamente. Sinceramente, esto me queda «muy arriba» todavía. «Perdóname, Lo siento, Te amo, Gracias». En efecto en el blog no comienza completo. Inicialmente comenzó como una recomendación. Después de leer el libro «Palabras mágicas» que me introdujo en el Ho’oponopono las pude completar, ademas de encontrarles el sentido completo a esas palabras. No le pongo su nombre ya que esas palabras no van dirigidas a nadie son para mi: tengo que perdonarme por tener esos pensamientos, pedirme perdón por todo lo que acarrea dentro de mi, tengo que amarme por verlo y darme la oportunidad de cambiar ese aspecto (borrar esa memoria como la llama en el libro). Por último darme las gracias por tomar la determinación de lograr ese cambio. No te negaré que al principio sí que las utilicé también para ella, cuando todavía me sentía muy culpable. No creo en lo de borrar memorias pero si es cierto que me permite cortar pensamientos y discusiones dentro de mi que lo único que haces es desgastarme. Creo que llegará un momento en el que lo deje atrás y en ese momento ya no importará, si llamamos a esto borrar una memoria entonces estoy de acuerdo.

Yo sé que renaceré, lo hago cada día y lo continuaré haciendo. Tengo mucho por lo que luchar y una vida que vivir. Como te he dicho mi felicidad solo depende de mi y nunca ha dependido de nadie más. Llegarán otras personas pero ya sólo me valen las que me quieren acompañar y de esa forma compartir su felicidad no las que la estén buscando en mi. Creo que, en cierta forma, esta es una de las lecciones más grandes que me deja todo este proceso. Se que cuando logre esa felicidad completa, cuando pueda vivir sin esperar nada donde todo lo que me encuentre me sorprenda por inesperado, todo mi entorno cambiará y será para mejor. Evidentemente veo de donde viene el origen de este cambio y tengo que extrapolar mis palabras anteriores. Solo puedo darle las gracias por ello. Por desgracia también me está permitiendo conocerla de verdad, ver su gran egoísmo, mentiras, egocentrismo, etc, etc, etc, etc… En fin, ambos eramos completos desconocidos para el otro según parece.

Hasta la próxima [Su nombre], espero poder decirte que la rabia ya no me acompaña en ese momento. Un beso.

[Mi nombre].«

Le había hablado a mi hermana de este intercambio de correos y no lo termina de ver. Le envié copia de esta respuesta, donde también se incluía el primer mail. Cuando lo ha leído lo primero que me ha dicho ha sido:

—Te has quedado a gusto.

—Que va, no veas tú lo que me falta por soltar.—le he respondido.

Realmente necesitaba contarle algunas cosas a esta chica pero, como he dicho, puede que no fuese el día más apropiado. La rabia ha estado presente.

Esa es también una de las razones para no mantener relación con mi ex-cuñada. Todavía no.

He hablado con las niñas. Las he encontrado bien. Han pasado parte de la tarde jugando con la pareja de mi ex. Parece que va todas las tardes. Lo dicho, me recuerda a mi vida de adolescente con ella. Todita para ellos. Sin embargo, reconozco que no me gusta que mis hijas tengan tanta cercanía. Es la vida de su madre y nada puedo hacer.

Buenas noches mis amores, nos vemos mañana con toda la familia. Las quiero con locura y puede que no esté listo para compartirlas, mucho menos con esta persona. Me lo tendré que hacer mirar.

 

 
 

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