31 de Julio de 2019

09:35. Han pasado dos días desde la última vez que escribí. No ha ocurrido nada y tal vez ha sido mucho.

El viaje con mis hijas y la familia transcurrió muy bien. La mayor nos dio un pequeño susto de unos 70 segundos ya que se separó del grupo y estuvo «perdida» ese tiempo, 70 segundos muy largos. Por suerte la niña cuenta con los recursos suficientes y ya estaban llamando por teléfono a su madre cuando la encontramos. Llamaban a ese número ya que fue por el primero que le preguntaron a la niña.

Fuera de ahí todo perfecto. También tuve la oportunidad de hablar con mi hermana y cuñada durante un buen rato. Hemos llegado muy cansados.

Mi ex-pareja envió un audio a las niñas preguntándoles  que tal iba el viaje. Lo escuché cuando comenzábamos con el almuerzo y así se lo dije. Le envié una foto de las niñas rato después pero no les puse el audio. No es que me olvidase pero tampoco encontré el momento.

El día siguiente, 29 de julio, me encontré un poco «choff», imagino que el cansancio, la fecha, un día gris,… todo se sumó. Lo pasé bien con las niñas, nos dedicamos a pintar las piezas de cerámica que habíamos hecho días atrás.

Después de esto las niñas querían aprender a cocinar y me pareció una idea genial. Cada una ha preparado un vaso de arroz  y ambos han quedado riquísimos.  Ya por la tarde fuímos a escalada y pudieron desfogar bastante.

Ayer fue un día de playa. Preparamos una tortilla durante la mañana y nos marchamos en busca del sol. Lo encontramos a una hora de distancia en una pequeña playa familiar, bastante recogida. Lo hemos pasado muy bien, la pequeña ya se empieza a soltar para nadar. Ahora es necesario tener mucho más ojo con ella.

Finalizando la tarde nos hemos puesto a pasear a lo largo de la playa, unos 300 metros. Hemos ido escribiendo nuestros nombres en la arena húmeda. Mi hija pequeña, además de ir consultando como escribir algunas letras, ha ido dibujando flechas en el sentido en el que íbamos avanzando. Según ella indicaban el camino al tesoro.

Llegada la hora nos preparamos para regresar a casa, me tocaba volver a separarme de mis hijas. Le indiqué a su madre que se las podía llevar directamente, me pillaba de paso y tenía las cosas de las niñas en el coche. Me respondió que perfecto y me dio las gracias.

Al llegar les dije a las niñas que las acompañaría solo hasta el pasillo. Tocamos en el portero y fue su madre que respondió. las acompañé hasta que escuché su voz, les di el último adiós a mis hijas y me di la vuelta. Al cerrar la cancela de la calle escuché a mi hija mayor llamándome:

—Mamá quiere decirte algo—me dijo.

—¿Y no me lo puede decir por Whatssap?—le respondí.

Apareció ella pero no la quise mirar a la cara. Me preguntó si la niña se podía quedar con su buggie. Le respondí que me daba lo mismo. En ese momento también se dio cuenta de que ninguna de las niñas tenía las gafas puestas, las había dejado en la mochila de la playa. Se las dejé a la niña junto con el buggie.

Las prisas no son buena y, lo reconozco, las prisas por no verla eran muchas.

Esto me recuerda algo que me había pedido mi hija la noche anterior. Me había dicho que su madre le había comentado que,  si todavía estaban en casa las pinturas de uñas ellas se las podían lleva en la maleta. La niña me lo dijo muy «achicada», con un hilo de voz. Le respondí a la niña que si su madre tenía algo que decirme o pedirme lo hiciera ella. La niña me dijo que en este caso no se trataba de «el juego del teléfono». Creo que la niña ya sabía que no me iba a gustar su petición. Mi respuesta a la niña fue que por el momento no. Continúo muy enfadado con ella y esas pinturas ya las debería haber tirado hace tiempo.

El resto de mi noche transcurrió con «normalidad», en casa. Hoy estoy en un turno de mañana en el trabajo y tengo la tarde ocupada. Puede que aproveche para responder la carta que tengo pendiente para esa madre de la escuela que me respondió hace poco. Buenos días mis amores.

22:55. No lo entiendo

Finalmente no me pude poner con la respuesta al correo electrónico. La tarde ha transcurrido tranquila, primero yoga y después escalada. No esperaba recibir nada de las niñas, ya me había enviado una foto de ellas en la playa. Pude reconocer el lugar, no se para qué quería el buggie si esa playa no tiene olas pero…

A la práctica de yoga también asistió mi hermana, pudimos hablar un rato al salir. Comentamos respecto a las niñas en el viaje y sobre el estado emocional de la mayor. Ambos coincidimos es que probablemente la niña sospecha que su madre no está «sola».

Antes de entrar a mi clase de escalada les envié un audio a las niñas por si no era posible hablar con ellas al salir. No tenía nada cuando finalizó la clase por lo que pregunté si llegaba a tiempo para hablar con ellas. A llegar a casa recibí unos audios de las niñas en los que me daban las buenas noches. He intercambiado unos audios con ellas pero no entiendo la razón de que no me dijo que las llamase. De verdad que no lo entiendo.

No me ha sentado bien, vuelvo a pensar que trato con una adolescente. Le he dicho que no entendía que no las hubieses podido llamar, no me ha respondido. Yo no quiero jugar a ver quién es más bruto, no con las niñas. He sentido decepción que se ha sumado a la rabia que ya sentía y al dolor por no hablar con las niñas.

Buenas noches mis amores. Las quiero con locura. A ver si mañana «podemos» hablar.

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