06 de Julio de 2019

00:45. Al final ayer por la tarde nos hemos ido al cine mis padres, mi hermana, las niñas y yo. Hemos visto Aladdin. A las niñas les ha encantado, a mi me ha revuelto. Tengo claro que tengo la sensibilidad a flor de piel y las cosas más simples me afectan como nunca lo habían hecho. En este caso han sido dos momentos dos momento de la película:

  • La canción en la alfombra.

Me he dado cuenta de que yo deseaba que estuviese bien para poder disfrutar infinidad de cosas con ella. «Mostrarle el mundo» del que, en cierta forma, se había escondido. Ahora parece que está bien pero no es conmigo con quien desea hacer esas cosas.

  • El otro momento ha sido con la canción de Jasmine en el momento en que Jafar se hace Sultán.

 

 

Ese grito por la libertad es como un bofetón al imaginar la desdicha que tubo que pasar esa mujer si vivia a mi lado y no me amaba. Si lo que estaba haciendo era fingir, si se sentía atrapada, encerrada a mi lado. Es un bofetón porque me doy cuenta que sufro por su tristeza, por ese ansia de libertad… Es el golpe que recibo ahora y me lo da la actitud actual que percibo de ella.

En definitiva, que he salido del cine con al lágrima en el ojo y el nudo en la garganta. Me tengo que pasar a las pelis de acción porque está claro que las infantiles me destrozan.

Finalmente pasamos la segunda noche en casa de mis padres. Gracias por la compañía familia. Por desgracia, aún tan arropado como estoy, me siento terriblemente solo.

Creo que ya he comentado anteriormente que las niñas y yo estamos planeando una escapada a Madrid para ver el musical del El Rey León. Pues ya no vamos solos, se nos ha apuntado toda la familia. La verdad es que me alegro ya que de esta forma será mucho más divertido, para las niñas y para mi. Creo que será algo que recordarán durante toda su vida.

Voy a leer un poco y a la cama. Mañana tenemos escalada y regresaremos a casa. Buenas noches mis amores.

01:29. Estoy leyendo «El camino de las lágrimas» de Jorge Bucay. El tercer libro de sus Hojas de Ruta. He leído como afrontar el duelo ante un divorcio, prácticamente consiste en soltar de una vez. A continuación he llegado al duelo por la perdida de un hijo y prácticamente ha sido como leer mi vida con ella después de la perdida de nuestro primer embarazo:

«Y entonces frente a la muerte de un hijo muchas veces sucede que:

Ella necesita hablar sobre la muerte y vuelve sobre los detalles.

Él se siente incómodo con el tema y preferiría no hablar más sobre el asunto.

Ella consigue empezar a adpatarse a los 18 o 24 meses.

Él empieza a acomodar su vida a los 6 u 8 meses.

Ella siente deseos frecuentes de visitar la tumba.

Él prefiere no volver a pisar el cementerio.

Ella lee libros, escucha conferencias o asiste a grupos.

Él se refugia en el trabajo, su hobby o las tareas de la casa.

Ella no tiene prácticamente ningún deseo sexual.

Él quiere hacer el amor para buscar un mejor encuentro.

Ella sabe que su vida ha cambiado para siempre.

Él quiere que ella vuelva a ser la de antes.

Mantener la pareja unida es, pues, un desafío.«

Puede que nosotros no superásemos ese desafío. Ella me dio a entender que, después de esa perdida, sentía una gran tristeza. Luego llegó nuestra primera hija y eso la tapó. ¡Qué infeliz ha debido ser esta mujer a mi lado!. Me alegro de que terminase su calvario pero lloro por mi y también lloro por mis hijas.

En el libro, después de este duelo, se trata, de forma muy breve pero muy bella, la perdida de un embarazo, que fue nuestro caso:

«La perdida de un bebé sin nacer es la pérdida de sueños y fantasías hechas.

Muchas veces esta pérdida y este sufrimiento duran más que la pérdida de alguien al que han conocido.«

Es cierto que yo, llegado ese momento, no la acompañé. Quería que continuase avanzando y tal vez tendría que haber estado más con ella en su proceso y en el mío propio. Lo siento, aunque no sabía hacerlo de otra forma y no puedo permitir que esto me genere culpa. Lo hicimos lo mejor que pudimos con las herramientas y conocimientos que teníamos. Lamento mucho que no fuese de la forma correcta mi amor.

Dejo por aquí el libro y ya me voy a la cama. Me voy con el nudo en la garganta y lágrimas en los ojos. Continúo aprendiendo, continúo creciendo (El Troglodita Evoluciona). Buenas noches mis amores, buenas noches amor mío.

 

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