14 de Junio de 2019

11:16. Ayer la tarde no mejoró. Una vez llegaron las niñas con el abuelo y justo antes de comer mi padre llamó mi atención. Me enseñó unos mensajes que le había enviado ella preguntando por la recogida de las niñas en el cole. Lo hizo para tenerme al tanto imagino. Le dije que le contestase, que no pasaba nada.

Imaginé que yo también tendría algún mensaje de ella pero no quise mirarlo hasta después de intentar comer algo. En efecto, me consultaba sobre la recogida de las niñas y su estado de ánimo. Sobre todo el de la mayor a la que su tutora les iba a comunicar que no podría continuar el próximo curso. Finalmente no le han dado la noticia por lo que estaba muy bien. Hablamos un poco de las comidas de estos días. Para despedirte me dijo:

—Sabes que, al igual que tú, si no puedes buscarla algún día al cole puedes contar conmigo.

—Lo se, pero ya has visto como estaban con que las buscase el abuelo. Al final me habría dado tiempo a mi pero dejé que fuese mi padre. Te tengo presente cada día y cuento contigo, puedes estar segura de que eres mi primera opción con las niñas si lo necesito.

—Me alegra muchísimo saber que piensas así.—También reconocía que las niñas, por la mañana, estaban entusiasmadas con la recogida por parte del abuelo.

A partir de aquí ya no me pude contener y llevé la conversación a donde no debo.

Me duelen muchas cosas y en muchos sentidos continuo enfadado pero no te odio ni puedo hacerlo aunque me lo proponga. Siempre haré y pensaré en lo mejor para las niñas, aunque me duela.

—Lo siento.— Fue su respuesta.

Tus «lo siento» me causan dolor. Se que lo dices sinceramente pero me suenan, aún sabiendo que no es así, a compasión, a pena y no es lo que quiero recibir ni provocar en ti. Le reconocí que la conversación por aquí «no me convenía» que ya había tenido una mañana «compleja». Su respuesta fue «matadora»:

—Yo también he sentido y siento dolor. Todo pasará y se transformará. Tranquilo, descansa.

Ya no podía parar, Necesitaba hablar con ella pero me pude contener:

—Son tantas cosas que me gustaría aclarar, saber y conocer,… Todavía me queda muy lejos esa transformación, mejor no me la nombres. Entiendo tu dolor y tu tristeza durante tanto tiempo, pero eso no es… Lo siento, de verdad que lo dejo aquí. Lo plasmo en mi diario y ahí lo dejo hasta que lo suba al blog, es mucho a masticar, digerir y procesar. Es mucho a sentir [Su nombre]…

Puse el móvil en modo avión y salí con las niñas a dar un paseo, aprovechamos para recoger unas cosas en un comercio cercano. Salí con el nudo en la garganta, con la mente dándome vueltas. Son tantas las cosas que me gustaría contarte. Yo todavía creo en nosotros. Se que ahora sí podrías tener lo que buscabas, yo he cambiado y soy diferente. Ya veo que tú has cambiado y eres diferente. Aquí volvió el pensamiento de esa mañana, «fueron muchos años sin amor, sin quererte, no tiene a donde volver y nunca lo hará«.

Me derrumbé. Ahora voy sin rumbo y en automático para no pensar o tal vez para no sentir. Por desgracia estoy sin coraza y no puedo dejar se sentir. Por suerte lo que necesito es sentir para poder sanar.

Después de volver del paseo con las niñas jugaron un poco con los abuelos y la bisabuela hasta que decidimos regresar a casa y preparar las cosas par ir a la playa por la tarde.

Así lo hicimos y ellas se han divertido y cansado muchísimo. Hablaron un poco con ella por la noche y se durmieron felices y contentas. Yo me fui a la cama un poco después, triste y cansado.

Hoy puedo definir lo que llevo de día de la siguiente forma: Dolor, tristeza y pena. Amor a primera hora con mi hija mayor, como me abraza y me besa. Me tengo que beber las lágrimas cuando lo hace esa forma tan cálida y por sorpresa. Te quiero mi vida.

Una vez las niñas en el cole le he dado mil vueltas a todo esto, en realidad no es pensar, es asumir esta realidad, sentirlo, ir con el nudo en la garganta y secándome las lágrimas.

Te amo mi vida, puede que estas palabras te suenen raras en mi boca pero es la realidad que ni yo mismo veía. Te amo y ahora soy consciente de cuanto lo hacía con la coraza puesta.

22:56. He pasado la tarde con mis hijas. He llorado varias veces aunque no delante de ellas. La mayor me ha preguntado y le he dicho que llevo «un poco» triste desde ayer pero que ellas dos me dan alegría.

Hoy he vuelto a hablar con ella. Los últimos días nos hemos comunicado un poco más. Le he dicho mis planes de viajes y eventos para el verano, en principio para no repetirnos. También le he dicho que el lunes intentaré llevar los certificados de nacimiento al despacho del abogado para que continúe el proceso.

Me hubiese gustado enviarle muchas más cosas, las llegué a tener escritas pero me quede en un:

—Divago en el teclado. Buena tarde.

🤷‍♀️

—Es mi problema, lo sé.

Un poco más tarde me preguntó si las niñas ya estaban acostada. A esa hora debía de estar terminando con los cuentos y después de eso me quedé dormido con ellas. Casi a la hora desperté y vi su mensaje. Le respondí que me había dormido con ellas y le pasé la lista de comidas de las niñas en esos días.

Al rato me pregunto si mantenía los planes de mañana. La niñas quieren ir a escalada y habíamos quedado en que yo las lleve y luego las suba directamente a casa de sus padres, o su casa ahora.

—¿Mañana irán a la escalada verdad? – Me preguntó.

—Es lo planeado.

—¿Las subes luego?

—En eso quedamos.

—¿A qué hora dijimos?¿A las 12?

Lo reconozco, no se ni donde ni con quien estas pero no me pude contener.

—Más o menos. Tranquila que te aviso cuando salga para que estés y las recibas. Vive.

—Buenas noches.

Mil cosas pasaron por mi mente pero ¿para qué?. Además, seguro que la noche será buena junto a las niñas, lo complicado estos días han sido las mañanas.

Antes de poner el móvil en modo avión  le envié:

🤔 🤷‍♂️ 😂. Buenas sean.

Se que no iba a responder, lo puse en modo avión para no estar mirando yo el móvil.

Estoy muy cansado, hora de dormir. Me vuelve a preocupar el peso, he vuelto a los 78Kg de un plumazo. He hablado con mi hermano para ver que planes tiene mañana. No lo he visto muy animado, le tendré que gritar socorro para que me rescate de mi mismo.

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