10 de Junio de 2019

07:44. Me duele tremendamente despertar sin ellas, sin mis hijas y sin ella.

Ayer ley mucho del libro que me recomendaron. Encierra verdades como puños sobre lo que es el amor y lo que no, vivir en pareja, los desequilibrios de la misma,… Nuestra relación era muy desequilibrada en multitud de aspectos, tal vez en casi todos. Es curiosa la forma en que comienza el libro: «No hay ni buenos ni malos, sólo buen amor o mal amor.»

No puedo hablar por ella pero en mi caso veo cosas que hice mal, cosas que me llevaron, o nos llevaron, al mal amor y que, en cierta forma, la «obligaron» a marcharse. También me ha resultado curiosa una frase que he leído hace poco: «Si no puedes odiarla una vez que la relación se rompe es que amaste de verdad». Me ha dado mucho que pensar.

Tengo claro que la amé y que la amo pero por desgracia, debido a la situación que alcanzamos, a la gran mochila con la que cargamos, a no estar en igualdad, este amor que le tenía nos separaba más que unirnos. Hacía que tuviésemos un mayor desequilibrio, que ella cada vez fuese «más pequeña» y yo «más grande».

Tengo que ser sincero, se que ella no lo está pasando bien. Tiene otra pareja, que la acompaña como yo no era capaz, a la que denomina mi novio (aunque sea entre carcajadas que puede significar muchas cosas o ninguna), con la que tiene sexualidad, con la que está en equilibrio, ya que su situación es muy parecida en casi todos los aspectos. También comienza a tener algo de trabajo, bueno o malo, productivo o no, pero comienza a tenerlo. Creo que comienza el camino de su realización, al menos es lo que yo espero. Aún con todo esto, se que no es una situación agradable para ella.

No, no puedo odiarla porque la amo, por que ha sido y es demasiado importante en mi vida. Creo que esto es lo que me hace tan difícil el que no pueda estar «donde está ella» y que me haga huir de esa situación, aún estando mis hijas como me ocurrió ayer.

Ayer no fue mala tarde después de todo. Me fui caminando hasta esa playa, unos 5Km, no tenía nada mejor que hacer o eso me dije. Esa playa a la que tanto fui con ella cuando no teníamos hijas. Por el camino pasé por nuestra zona habitual de baño con las niñas, tenía la esperanza de que ellas estuviesen ahí, tal vez esa fue la verdadera razón por la que hice el camino a pie.

Durante el camino me sumergí en la música para no pensar, pero lo que es el destino, me encontré con un familiar y le comenté la situación en la que me encontraba. En la playa continué leyendo, mucho de esto ya me resultaba familiar gracias a los audios que me había descargado del autor y escuchado el día antes mientras corría. En el libro, todo lo escuchado, obtenía mucho más sentido.

A la vuelta de la playa más casualidades, me encontré con sus padres (he tenido que tachar mis suegros ya que eso ha cambiado). Me dijeron que las niñas y ella se acababan de marchar. Hablamos un rato pero de cosas mundanas, su madre, a mi juicio, tenía los ojos «llorosos». Durante el resto del trayecto ya no puede dejar de pensar, me enfadé con ella de nuevo. Sigo montado en la montaña rusa.

Ya en casa pude hablar con las niñas, tanto ellas como yo estábamos cansados, además la tecnología no colaboró. Lo poco que pudimos hablar fue sin decirnos nada en realidad.

He soñado con ella durante la noche. Varias situaciones pero en todas estábamos bien, tal vez por eso ha sido tan duro levantarme.

Me encantaría hablar con ella pero tampoco sabría que decirle. Puede que esta sea una de la razones por las que escribo este diario, aquí está todo lo que no puedo decirle.

Durante la boda de mi hermana su amiga me hizo una «advertencia», la misma que me hizo mi hermana hace ya bastante tiempo:

—Tienes que ser fuerte, ella ahora está muy arriba, con un gran subidón, pero el bajadón llegará y en ese momento volverá.

Yo le respondí que nadie tenía la bola de cristal para saber eso, sin embargo, esa posibilidad ya ha sido contemplada en mi mente muchas veces. Cada una de ellas con un desenlace diferente pero, en realidad, ni existen ni existirán. Por suerte ya evito esos «debates» en mi mente, aunque a veces me resulta imposible pararlos.

Ella, la amiga de mi hermana, insistió:

—Puedes estar seguro de que volverá.

Yo le hablé de mi camino, el que me gustaría lograr hacer, mi búsqueda del yo mejorado, para mi y para mis hijas. Lo consciente  que era de que lo anterior no me valía y que eso también suponía que ella realizase un cambio. Reconozco que, tal vez, ya lo esté dando. También le dije que sabía que pretender cambiar a alguien no era ni mucho menos lo mejor.

Yo cambié, ahora lo veo, no era yo. ¿Las razones del cambio?. No las se, todavía las estoy buscando, pero es cierto que cambié y puede que eso desequilibrase aun más nuestra relación.

También creo haber comprendido que ella no superó de una forma sana la perdida de nuestro primer embarazo. Eso fue una gran losa para ella que, probablemente, no mejoró sus problemas de ansiedad. Ahora lo puedo decir, siento no haberte acompañado como necesitabas en ese duelo. Lo siento mucho.

El nudo en la garganta regresa, ya no me apetece seguir profundizando, voy a volver a la actividad.

Creo que evito ir a solicitar las partidas de nacimiento de las niñas, necesarias para continuar con el acuerdo judicial. Voy a obligarme a ir.

14:55. … Tres puntos, no eres consciente de lo que pueden contener esos tres puntos. Guardan todo lo que no te puedo decir.

La mañana ha pasado, con lágrimas y sonrisas. He hecho el papeleo necesario para continuar con el proceso del acuerdo.

También he hablado con mi hermana, ahora de viaje, me ha dicho que no me había visto bien los últimos días. No he querido decirle mucho, por lo que le he dado la razón y le he dicho que son cosas del camino. Luego he terminado de organizar la casa para ir a por las niñas a continuación.

Al traerlas a casa, por  lo que me han contado, he entendido que ella no tenía claro lo de ir a buscarlas mañana y comenzar su turno. He estado aclarándolo con ella por Whatssap y todo solucionado. Me ha «pedido» si las podría llevar a equitación mañana. También hemos hablado sobre unos cambios que se avecina en el aula de la mayor. Después de valorar las opciones se ha despedido con un:

—Cuídate

—Intentándolo estoy…— He tardado un poco en contestarle

Esos tres puntos lo contenían todo y no decía nada. Todo lo que siento, lo que me está costando este proceso, el crecimiento al que me está llevando y el dolor que me acompaña cada día.

Me ha respondido con:

👍 Sí.

He estado apunto de soltárselo todo pero me he contenido. Ya no soy esa persona para ella y no habría tenido ningún sentido. Necesito paz, una tarde tranquila. Así se lo he dicho:

—Lo dejo por aquí, necesito una tarde ‘tranquila’. 😘

😘. —Fue su respuesta y el final de la conversación.

He venido a soltarlo todo aquí, con mi nudo en la garganta y las lágrimas en los ojos ¿Cobarde?¿Valiente?¿Bien?¿Mal? No lo se, probablemente ninguno de los cuatro o tal vez todos a la vez… Este es mi camino y aunque me destroza por dentro ya no estás en él y no quieres estar. ¿Qué sentido habría tenido?

Me duele y de verdad que necesito una tarde tranquila. Lo dejo también por aquí. Te quiero mi vida…

P.D. He retocado el texto original escrito en el diario para hablarle en tercera persona ya que en muchas parte le hablaba directamente a ella.

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