16 de Abril de 2019

12:08. Un té, un café, una infusión, un vaso de agua,.. Eso estaba pensando justo antes de verte por casualidad.

Lo reconozco, no me he podido contener y he pasado a controlar lo que has hecho. No estoy orgulloso, me siento culpable por echar abajo lo logrado estos días atrás.

La noche con las niñas ha sido buena, como de costumbre yo no he logrado seguir durmiendo a partir de las 05:30 aproximadamente. Te echo de menos.

No me ha dolido lo que he visto, estás en tu nueva vida y no tengo derecho ni a opinar. Me alegró que no me hiciera daño pero es cierto que he tenido que recurrir una  y mil veces al «esto no existe».

La mañana ha transcurrido bien con las niñas pero contigo he metido la pata; contactaste relativamente tarde preguntado por las niñas, no se me ocurrió nada mejor para preguntarte que si se te habían pegado las sábanas o directamente no habías dormido. Me he disculpado de inmediato, no tengo ningún derecho a preguntarte nada de eso.

Al acercarse el  momento de mi separación de las niñas, hoy hemos quedado en que te las dejaría en casa de tus padres ya que nuestros horarios no eran compatibles, nuestra hija mayor a comenzado a quejarse de dolor de barriga de nuevo. Le he preguntado y al finalmente me respondió que ella se divertía más cuando todos estábamos juntos. Su cara era «un poema» al dejarla en casa de tus padres. Mis pobres niñas, me he puesto a llorar nada más subirme al coche, mis pobres niñas.

Luego me he visto buscándote, buscando tu coche en la zona de aparcamiento habitual, pero no lo encontré. Sabía donde estarías, tú me lo habías dicho. Cuando pasé junto al edificio pensaba en las primeras palabras que él te dijo después de tantos años: «Un café, un té, una infusión, un vaso de agua,…». Quería habértelas dicho y que me hubieses dicho que sí.

La casualidad ha hecho que nos encontrásemos. Te conté lo de nuestra hija y tu respuesta fue que no le diese argumentos, según tú el que ella se queje de la barriga era algo habitual. No me creo que no seas capaz de ver que la niña también está sufriendo.

No tenías buena cara, ¿Te duele verme?. Me alegré al saber que te ibas de inmediato a casa de tus padres, con las niñas. Te necesitan, gracias por eso.

Me deseaste que me aliviase de la contractura en la espalda, esa era mi cita de esa mañana. Mi respuesta fue que tengo mucho que curar. Ahí nos hemos despedido con mucha tristeza.

Al estacionar mi coche me ha dado la impresión de verlo, no estoy seguro pero desde luego si era él y me reconoció, mi cara se lo ha tenido que decir todo. No lo culpo, no puedo, pero tampoco me hace gracia que esté contigo. Son celos, seguro que sí, también es rabia y por último agradecimiento. Seguro que no era él, no estoy seguro.

La tarde no creo que sea buena, te he preguntado por tus planes, y no tenías o no querías decírmelos. Te pregunté por ver a las niñas, mañana no podré ya que estaré trabajando, ya me toca incorporarme a mis turnos de 24 horas. Por un lado me servirá de distracción, por otro… ya veremos como las afronto.

Ya es la hora del masaje. No creo que pueda aguantar las ganas de llorar cuando comience a trabajar la zona de dolor, son muchas emociones y cualquier escusa es buena para aliviar un poco. Buena tarde mis vidas.

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