15 de Abril de 2019

07:27. La primera vez que me he despertado hoy ha sido a las 5:30. A partir de ahí ha sido una noche de mucho «esto no existe» y de buscar las manos de nuestras hijas.

Hace ya bastante rato que la cama no me quiere con ella pero he intentado estar ahí disfrutando, sin querer despertarlas, del calor de nuestras hijas.

No sé muy bien que hacer hoy, probablemente comencemos por ir al súper, para dejar la despensa llena de nuevo. Ya hacen 15 días y estoy un poco desorientado la verdad. No sé que prepararles de comer, que hacer esta tarde,…. Hoy no lo tengo tan claro. Y tú, ¿Qué vas a hacer?.

23:52. Esta mañana me sorprendiste preguntándome por mis planes, deduje que querías ver a las niñas y no me equivoqué. Te comenté que tenía varias alternativas, si querías te podía avisar. También que, durante la mañana, nuestra hija mayor se quejaba de dolor en la barriga, me decía que quería que vinieras a casa. Te indiqué que estuve a punto de contactar contigo pero finalmente, ante el plan de ir a patinar antes de ir al súper, se repuso un poco y con el paso de las horas parece que se le pasó.

Cuando me preguntaste por mis planes te dije que «verte no les haría ningún daño». Te pregunté si estabas bien, si necesitabas verlas. Rápidamente te pusiste a la defensiva indicándome que estabas bien y que respetabas el espacio.

Te conté lo que me había ocurrido el sábado pasado, lo que me habría gustado ver a las niñas y lo mal que me había sentado que no me dieras la oportunidad de verlas estando todo el día en casa. Sabia lo mal que se pasaba y te lo volví a repetir. «Si quieres verlas y abrazarlas sólo tienes que pedirlo». Fue de corazón, por nuestro bien y el de las niñas.

Ante esto me consultaste sobre la forma de hacerlo indicándome que podías pasar a recogerlas. Esa idea no me gustaba, no veía lo de llevártelas. Te respondí que podías venir a verlas aquí, a casa, o sacarlas al parque si no querías verme. Por último, de no ser aquí, tendrías que adaptarte a mis planes.

Te comenté que llevaría a la pequeña a su segunda clase de piscina y me ofreciste estar con la mayor durante la actividad de la pequeña. La niña me había dicho que quería que jugásemos al ajedrez, la estoy enseñando, mientras esperábamos. Te respondí que  se lo podía preguntar a la niña. Añadí que no te estaba poniendo peros, quería ponerte facilidades, pero esto también dependía de las niñas y no romper mis planes. Tu respuesta fue que no hiciera elegir a la niña.

Después de esa respuesta también me dijiste que lo entendías, me dio la impresión de que te cerrabas en banda, me soltaste que las verías mañana al comienzo de tu turno. Te aclaré que no quería que te sintieras como si te las estuviese robando, no quería que lo pasarás mal si tenías la necesidad de verlas, si esa era tu decisión era sola tuya. No quería que esto fuese una guerra ni nada parecido, yo también quería poder verlas cuando tuviese esa necesidad.

Finalmente las niñas me pidieron hablar contigo y les puse una videollamada. Las dejé hablando contigo y me fui a tender la colada a la azotea. Las risas que escuchaba de las niñas fueron un rayo de paz para mi. Cuando bajé todavía hablaban contigo y tuve la oportunidad de despedirte, me dio la impresión de que te bebías las lágrimas. Ante esto te puse el siguiente mensaje:

"Se que has cambiado, que eres otra en muchos aspectos, pero por favor se sincera conmigo. Te conozco después de 24 años y para que me preguntes por mis planes es que necesitas verlas. Te lo repito, no nos lo pongamos difícil nosotros mismos. Si las necesitas ver son tus hijas, sólo pídelo y buscamos la forma. Espero que estés mejor, las risas de las niñas desde la azotea han sido un rayo de alegría para mi"

Me diste las gracias y me repetiste que de verdad estabas bien, no se si es cierto o simplemente el orgullo no te permite reconocer otra cosa.

Transcurrió la tarde y al poco de la hora de finalizar la actividad de nuestra hija contactaste preguntado que tal había ido. Te respondí que perfecto, había salido muy contenta. Por último te indiqué donde estaríamos después y que eras libre de venir a pasar un rato con ellas, yo me podía dar un paseo.

Finalmente te presentaste y me alegró que lo hicieras. A las niñas les gustó mucho el rato que pasaron contigo. Aunque me dijiste que te chocó la pregunta de nuestra hija mayor: «¿Por qué has venido mamá?». Le consulté más tarde respecto a eso y su respuesta fue que te hizo esa pregunta para saber si habías venido por que ellas te echaban de menos. Así te lo hice saber una vez se durmieron, pero no me has respondido. Imagino que estarás ocupada o habrás salido, prefiero no pensar a donde.

Me ha dado la impresión de que hoy no estabas bien, aunque es solo mi impresión. Me alegro de que te pudiese aliviar verlas, espero que tengas la misma flexibilidad cuando la necesidad sea mía.

Me ha gustado verte y no me he sentido mal. Te volví a preguntar, directamente y a la cara, si estabas bien, tú lo volviste a afirmar. Espero que así sea y haya sido una mala interpretación mía. Tengo dudas al respecto.

Me sorprendió no recibir un gracias por cederte ese espacio con las niñas,  bueno yo me alegro por nuestras hijas y por mi,  como he dicho espero tener estos espacios en el futuro. Esto me ha hecho pensar que el orgullo te puede muchas veces y, tal vez, nuestra relación tenía un punto tóxico para mi.

Tengo claro que ahora mucho tendríamos que cambiar ambos para poder retomar algo. Te quiero y te echo de menos pero quiero ser feliz y cada vez tengo más claro que antes no lo era, evidentemente tampoco tú.

Continúo rascando y conociéndome, cada vez me gusta más. Buenas noches mis amores.

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